Retenedores de ortodoncia: por qué son imprescindibles

Retenedores de ortodoncia: por qué son imprescindibles

La ortodoncia termina cuando se quitan los brackets o los alineadores. Pero los dientes no se quedan quietos solos: tienen memoria y tienden a volver a donde estaban. Por eso el retenedor no es un extra opcional: es la parte del tratamiento que protege todo lo que se ha conseguido.

Por qué se mueven los dientes después de la ortodoncia

Durante el tratamiento, el hueso que rodea las raíces se remodela para adaptarse a la nueva posición. Pero ese proceso no es instantáneo: el hueso tarda en consolidarse, y mientras tanto los dientes están más susceptibles de moverse. Además, los tejidos blandos —encías, labios, lengua— ejercen presión sobre los dientes continuamente, y si hay algún desequilibrio, pueden desplazarlos.

El movimiento es mayor en los primeros meses después de quitar el aparato, y menor con el tiempo. Pero nunca desaparece del todo: los dientes siguen moviéndose lentamente a lo largo de la vida, con o sin ortodoncia.

Tipos de retenedores

Hay dos grandes opciones:

Retenedor fijo: un alambre fino pegado por dentro de los dientes, generalmente en los incisivos inferiores y/o superiores. No se ve, no hay que acordarse de ponérselo y funciona las 24 horas. El inconveniente es que requiere más cuidado en la higiene: hay que limpiar bien alrededor del alambre con seda dental o irrigador.

Retenedor removible: una férula transparente, similar a un alineador, que se pone por la noche. Es cómodo de limpiar y de usar, pero depende de que el paciente lo use de verdad. Si se deja de usar, los dientes se mueven.

Muchos pacientes llevan los dos combinados: fijo abajo y removible arriba, o ambas cosas a la vez.

Cuánto tiempo hay que llevarlos

La respuesta honesta es: mucho tiempo. Los primeros años son los más críticos, pero la recomendación habitual es mantener el retenedor indefinidamente, al menos de noche. El coste de un retenedor es mucho menor que el de un retratamiento de ortodoncia.

Qué hacer si se ha dejado de usar

Primero, no ponérselo si no entra bien: forzarlo puede dañar los dientes. Hay que acudir al dentista para ver cuánto se han movido y si basta con un nuevo retenedor o si hace falta algo más.

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